H Y P E

Pasto Verde es La Onda




“La Onda son los excesos la onda es hacer lo que uno quiera, la onda soy yo”
-Parménides García Saldaña-

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El fluir de conciencia como intento de representar el viaje constante de las drogas, el chupe y el rocanrol. La mente  Epicuro Aristipo tripeando, explota durante toda la novela. Imágenes, acciones, reflexiones, introspecciones, todo está ahí y de la forma más desenfrenada que pueda existir.

Los sesenta se conocen como la época dorada del rock, y no sólo eso, sino la época dorada de muchas experiencias y la búsqueda de la trascendencia. También fue el gran auge del último intento de romanticismo en el mundo: los hippies.  Bob Dylan era la voz, los Beatles eran la sensación, los Doors  la rebeldía. Había un poco de todo en el ambiente del mundo. Deseos de violencia, pero a la vez paz y a la vez la necesidad de romper todo el orden establecido. Todo metido en una licuadora. Las mentes de la juventud eran una contradicción total. El mundo a sus pies y nada…
¿Y en México? ¿Sucedía eso? ¿Realmente en México qué pasaba? La gran parte de nuestro país pasó de noche a los hippies y las bandas de rock, pocos conocían todo ese mundo, sólo unos cuantos afortunados de clases medias altas y altas.

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El personaje de Pasto Verde es precisamente de la clase media alta —como lo son los personajes de la llamada Literatura de La Onda— alguien que tiene el poder adquisitivo —de sus padres, claro— para poder emborracharse todas las noches y no dejar la fiesta y los hoyos funkys —tal cual lo hacía el mismísimo autor—. El libro es un reventón. Fiesta, fiesta, fiesta. Los pensamientos fútiles profundos de un chavo que le gusta la noche y sacar lo mejor/peor de ella. Que toda la novela está sufriendo y buscando un amor que no se sabe si es uno, si son varios, si es el mismo visto como diferentes personas. Pero el amor es un eje centrar. La búsqueda de la mujer perdida, la búsqueda del pasado que se pierde y se intenta, con borracheras, fiestas, desenfreno, recuperar. Pero como la vida es cruel y no cumple caprichos. Las lágrimas, los gritos los aullidos no tienen ningún efecto y todo sigue como siempre, en la soledad y la tristeza. Así es el mundo de Epicuro Aristipo. Que también se encuentra en su rebeldía personal y se burla y mofa de todo lo que lo rodea: su familia, su clase, su país, todo es para burlarse, nada es serio, porque nada es en serio.

Pasto Verde es lo que se llama “un libro de culto”, durante muchos años sólo existieron dos ediciones de la novela y ambas fueron publicadas a finales de los sesenta. Desde entonces era un reto conseguirlas, y aquel que lo hacía era de los que lo presumían a sus amigos reventados y sus maestros, igual, “reventados”.  Todo era así, por debajo del agua, en lo “oscurito”. Sin embargo, en el 2008 la editorial El Viaje de Guadalajara lanzó una reedición de la novela, aunque sólo fue allá —que es precisamente la que tengo— y hace un año, editorial Jus lo reedito a nivel masivo y ahora, después de tantos años. Ya se consigue en las librerías de la ciudad.

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Pocas veces hablo directamente de un autor alejándome de la novela, sin embargo, en esta ocasión estoy hablando de uno de esos escritores que es un viaje en sus libros y era un viaje en persona. Un autor el cuál podría considerarse “maldito” —y eso si nos estandarizamos a esos títulos extraños que les dan a los escritores que viven en el vicio y el desmadre— se la vivía en los hoyos funkys del DF, podía beber y beber, incluso, cuenta la leyenda: una vez se meó en un pastel de bodas. El Parme es un escritor diferente o tal vez muy igual a todos, pero con una fama hecha a base del cotorreo de años.



Pasto Verde es sin duda uno de los libros más influenciados por la generación Beat de Estados Unidos y por la famosa escritura automática. Desde que tomas el libro, comienzas con un ritmo frenético, como ir en un automóvil a miles de kilómetros esperando sólo que se ponga, frente a ti, una pared de concreto en la cual te estrellarás. A fin de cuentas: ¡Pasto Verde es la Onda!