Es un genero musical complicado, lo admito, el de la electrónica a medio camino entre los paisajes bucólicos, las atmósferas tensas y los silencios luminosos. Mucha gente se agota ante las interminables sucesiones de pausas reflexivas, susurros y detalles que dibujan artistas como
Bon Iver, Jonsi o quien nos ocupa hoy, el islandés Ólafur Arnalds. ¿Por qué se suele dar la casualidad de que quien compone estas melodías finas y silenciosas, llenas de delicados pliegues y cuidadosos ornamentos y que parecen pensadas para el descanso del alma, proceden de lugares fríos, blancos y helados? Aunque, también hay que decirlo, Ólafur Arnalds primero fue instrumental antes de añadir la etiqueta de la electrónica a sus producciones.
Bon Iver, Jonsi o quien nos ocupa hoy, el islandés Ólafur Arnalds. ¿Por qué se suele dar la casualidad de que quien compone estas melodías finas y silenciosas, llenas de delicados pliegues y cuidadosos ornamentos y que parecen pensadas para el descanso del alma, proceden de lugares fríos, blancos y helados? Aunque, también hay que decirlo, Ólafur Arnalds primero fue instrumental antes de añadir la etiqueta de la electrónica a sus producciones.
Y es que a pesar su juventud este compositor y multiinstrumentista ha publicado 4 LPs y otros tantos EPs desde que se lanzara al ruedo en 2007, y su prolífica imaginación le ha permitido navegar desde las aguas de la música instrumental, principalmente piezas para violín y piano, como alumno aventajado de Ludovico Einaudi y Michael Nyman con pinceladas aquí y allá de alguna de las bandas sonoras de Joe Hisaishi; hasta los océanos del post-rock de sus paisanos Sigur Rós o del rock indie y electrónico del gélido Bon Iver. Cierto es, eso sí, que su acercamiento a la electrónica ambiental está siendo algo más complejo, más reflexivo, calmado y silencioso que el de los dos mencionados astros, que tal vez quedan como excesivamente comerciales cuando los comparamos con la ascética y delicada forma de componer de Arnalds.
A pesar de la evolución de su producción, en los primeros minutos del disco se aprecia que la sombra de Ludovico Einaudi es alargada, aunque no hace falta mucho, basta con llegar al segundo corte para encontrarse con el primer momento de belleza única y característica de este For Now I Am Winter. Y es que en Brim empiezan a entrar las bases de percusión y las pinceladas electrónicas para dar consistencia a la enfervorecida bandada de violines que la forman y la convierten en un pasaje emocionante. Acto seguido las emociones se calman, aparece una frágil y aflautada voz que, aunque no sobra, no emociona tanto como el silencio sobre los violines. La papilla electrónica, eso si, se va haciendo más densa, las bases rítmicas cada vez sin más sonoras aunque en A Slutter vuelven a retirarse en aras de la voz y el piano, que en este corte tejen un manto de cálidas sensaciones y melancolía persistente.
El nuevo remanso de paz al piano de Worlds Of Amber nos lleva a un pasaje en el que la complejidad de las bases y la introducción de algo de viento mental para complementar a unas cuerdas que recuerdan a los momentos más brillantes de las bandas sonoras de Hisiashi; mientras que la voz pierde su fragilidad y suena casi como la de un cantante de pop, seguro y ágil, sin arrastrar los sentimientos entre la melodía y aportando un golpe de ritmo que el disco venía necesitando desde hacía ya algunos minutos. Pero vuelve la reflexión instrumental y las melodías dulces que solamente necesitan de un piano para armarse, como el bellísimo paisaje que abre Only The Winds que nos mece a medida que va incorporando cuerdas, percusión y línea de bajo pero sin perder la desnuda delicadeza de su discurso. En mi opinión, es uno de los momentos más enternecedores del disco, más que nada por su aparente sencillez, que evoca paisajes y sensaciones con una claridad meridiana. La concesión al gran público que supone Old Skin, que es prácticamente un tema de pop que podría firmar Bon Iver sin demasiada dificultad es bella, pero no tan indiscutiblemente fascinante como los pasajes anteriores del disco. No obstante, como single de presentación del disco parece un compromiso razonable.
For Now I Am Winter es, en resumen, un trabajo hipnótico y de belleza arrebatadora que a puesto a la crítica a los pies de este joven islandés, hasta el punto de convertirlo en uno de los reclamos más jugosos del Sónar que se celebra la semana que viene. En este trabajo Arnalds parece haber conseguido superar algunos de los encorsetamientos impuestos por el género de la música instrumental, consiguiendo melodías más dinámicas en un disco que, aunque es largo, es variado y ameno.
