La cultura popular de una urbe reflejada en boletines de no más de 29 páginas.
La historieta o caricatura mexicana recibió en sus paginas, durante décadas, historias y crónicas que han quedado plasmadas en la identidad de aquellos que hojearon o leyeron.
Jerga, mitos, muletillas, apodos y un acervo de historia.
Esta es la ciudad de México a través de sus dibujantes.
En un plano personal, debo escribir que la ciudad de México me es apasionante de los 40's para acá, y no se ni un cuarto de toda la historia que se vivió. La época de los cabarets, de los luchadores estrellas de cine, escritores y pintores. Y fue en esas décadas que en la "capirucha" (citando a Don Regino Burrón) se vivió un movimiento artístico sin precedente: El auge de la caricatura popular.
Si bien la caricatura política había sobrevivido en trincheras a la censura mediática, no es hasta esa década donde la cultura popular se llevaría hasta los cuadros de diálogo de los cómics. Gabriel Vargas, Rogelio Naranjo, Yolanda Vargas Dulché, Rius... El acervo es por de más increíble, y cada uno, con su respectivo sello, tocó una parte de aquella sociedad mexicana.
Y tal fue el impacto, que hoy en día, se ocupa a la tira cómica como un acervo histórico. En ella se encuentra a color la más pura imagen de la vida en la Ciudad de México; la cabula, la representación de las viejas vecindades habitacionales, los chistes políticos, la forma de la familia y hasta el crecimiento mismo de la capital.
Por tanto, nos dedicamos esta semana, a dar a conocer a aquellos tirajes que, creemos, son los más apegados a la situación de la ciudad, y que quizá, han sido los más galardonados por sus semejantes. He pues aquí, pedazos de historia capitalina que no se perderán. Nuevas generaciones, pongan atención.
La Familia Burrón por Gabriel Vargas
Más de 50 años se dice fácil, pero a lo largo de estas, Gabriel Vargas ha reflejado el acontecer cotidiano de nuestra ciudad en la revista "La Familia Burrón", donde presentó el devenir histórico de la clase media de la capital, con todo y carencias, ilusiones, esperanzas...
Los Burrón eran el reflejo de la vida en nuestro país durante los 50's. El verdadero México. La sociología del mismo. Sin tapujos y de manera festiva. Gabriel Vargas, uno de los más grandes historietistas mexicanos, con una trayectoria de más de 70 años, incursionó a la historieta con un propósito: Hacer reír. Tuvo una vida dibujando en Osaka, Japón, para regresar a México a convertir cartones en el periódico Excelsior. Tuvo grandes tiras como Jilemón Metralla y Bomba, pero fue hasta 9 años después, que surgió su más reconocido trabajo.
Nació La Familia Burrón, tras una apuesta de uno de sus cuates en el Excélsior, Armando Ferrari, quien le propuso al dibujante mantener una tira donde la figura central fuese una mujer, creando así a Borola Burrón. Para su primer trabajo, la de Jilemón, se llegaron a imprimir 500 mil ejemplares, pero con los Burrón, en un mes, sobrepasó el éxito. Se hablaba de ella no solo de la capital, sino en los estados del país. Llegaron incluso a vetar algunos comentarios de los personajes (eran bastante vivarachos unos) de la seria creada por Vargas, a quien llamaron "El cronista de la ciudad".
Agarraban parejo, tocando temas como los chismes de vecindad, la sexualidad, la equidad de género, el machismo, la crítica social a la política, la falta de dinero en las clases "medieras", el exceso de la "nices"; y contenía todo un lenguaje cultural increíble: El Tejocote al hijo, la Chota para la policía, a macanazo limpio, los cabarets y las muchachas con caderas de caballo galopante; en fin, una verdadera joya de cultura popular. Si no los conocen, miren hacia arriba en la fachada del Museo del Estanquillo en Isabel La Católica, en el primer cuadro de la ciudad.
Ya han pasado sesenta años de la aparición de la historieta, y no ha perdido interés, ni mucho menos aceptación del lector. Es un clásico de la literatura mexicana.
Los Supermachos de Rius
"¡Quedas detenido mientras se averigua por que...!"
Han pasado más de 40 años desde la publicación de estas historietas geniales, pero su vigencia es innegable. Los temas abordados, objeto de una sátira radical, han persistido hasta hoy. Es como si este país no hubiera cambiado en lo más mínimo: la selección de fut sigue siendo malísima, los impuestos se multiplican, las clases medias se empobrecen y los pobres son cada vez más pobres, por no hablar de la ignorancia, la corrupción y la prepotencia de los políticos. ¡Calzónzin vive... la joda sigue y sigue!
Los Supermachos y Los Agachados, las series de historietas que le dieron al principio su fama a Eduardo del Río Rius, creó un universo sociopolítico que pretendía ser una parodia del México posrevolucionario. Si en Los Supermachos la acción ocurre en el pueblo de San Garabato en el que un indio ilustrado e irreverente Calzonzín es el principal vehículo de crítica y humor, en "Los Agachados" el escenario es un pequeño pueblo llamado San Chente del Baúl. Donde conviven el cacique local, jefe del PRI en la entidad, el corrupto jefe sindical, el servil presidente municipal, el cura oscurantista y sus conservadoras devotas, un tendero español y ocasionales inversionistas gringos ávidos de hacer dinero a costa de todo y de todos.
"Que extraño calendario: no pusieron ni una chamacona en bikini, ni un anuncio de cerveza...!"
Como personajes centrales Rius, alternó a un maestro de escuela y a un indio irreverente, inteligente aunque esta vez inculto Nopaltzín cuya misión era ridiculizar y denunciar los excesos, la hipocresía y la corrupción del sistema político mexicano. Ello, desde luego, haciendo referencias constantes a la actualidad de entonces y escenificando a un pueblo que es lo que es más por ignorancia y explotación injusta que por necesidad histórica.
En cada número, los acontecimientos narrados en sus historietas son la excusa para precipitar una revisión de algún episodio de la historia de México y el mundo o bien temas más generales, desde la figura de Galileo, hasta los pormenores de la era espacial. Allí se consolidó el formato único que tomaría después la obra de Rius: verdaderos intentos de usar a la caricatura y al humor para educar, politizar y despertar conciencias.
Sobre todo, ha explorado caminos cada vez más variados para educar haciendo reír. Anticlerical, antirracista, anticapitalista, antinorteamericano, Rius sigue siendo lo que siempre fue: un caricaturista mexicano siempre ocurrente y sumamente simpático.
Amigos, el PRI esta de vuelta; si no colocábamos a Los Supermachos en esta entrada, sería un insulto a la memoria.
Podríamos hacer extenso esto, hablar del iconíco Guillermo Pingüin, de Los Agachados, de Paquín... El bagaje extenso de literatura. Dejemos que hablen ellos solos por si mismos, que ayuda no necesitan.
Si desean saber más de esta corriente, visiten el corredor Regina, con el mural a Vargas, o el ya mencionado Museo del Estanquillo en Isabel La Católica; disfruten de su bellísima terraza.
De la ciudad pues.
¡Larga vida a la cultura popular! ¡Hasta pronto!






